Un cantero de 20 metros cuadrados acaba de abrir una puerta verde dentro de la Escuela Normal. El sábado 29 de agosto, estudiantes, docentes y organizaciones de Tandil pusieron en marcha allí un biocorredor de plantas nativas impulsado por el grupo Germinando Vida Nativa. Según sus integrantes, es el primero concretado en una escuela pública de la ciudad.
No se trata solamente de plantar especies autóctonas. La apuesta busca generar hábitat para la flora y fauna nativa y volver a conectar pequeños ecosistemas que el crecimiento urbano fue separando. En una ciudad que crece, cada espacio verde puede dejar de ser un decorado para cumplir una función concreta: alimentar, alojar y permitir el movimiento de biodiversidad.
El proyecto nació en el marco de Huella Joven y se sostuvo con el trabajo de estudiantes y docentes. Cuenta con respaldo técnico del Sendero Pampa de la Unicen, además del acompañamiento de viveros, organizaciones y vecinos. Parte de las especies fue donada por el semillero de la comunidad cooperativa del Semillero de Tandil.
La docente coordinadora, Mariana Coto, destacó que ocho estudiantes lideran la iniciativa, aunque el trabajo alcanza a toda la comunidad escolar. El cantero también funciona como aula abierta: distintas materias pueden usarlo para investigar, gestionar, aprender y comunicar por qué las especies nativas importan. La actividad, además, se sostiene fuera del horario habitual, incluso durante fines de semana y vacaciones, con participación de jóvenes de distintas edades.
Germinando Vida Nativa ya comenzó a replicar la experiencia en la Escuela Polivalente y el Centro de Día. El objetivo es más grande que este primer cantero: construir una red de espacios verdes y completar un biocorredor de 50 metros de punta a punta, una suerte de estación para la biodiversidad local. La pregunta queda instalada: si un grupo de estudiantes pudo activar este primer tramo, ¿cuántos patios, veredas e instituciones de Tandil podrían sumarse a reconectar la ciudad?





