En una ciudad identificada con su capacidad para producir alimentos, crece la cantidad de personas que necesitan pedir comida o ayuda para llegar a fin de mes. Esa es la conclusión que dejó una serie de conversatorios territoriales impulsados por la Facultad de Ciencias Humanas de la Unicen, tras encuentros realizados en La Movediza, Las Tunitas y Villa Aguirre.
El diagnóstico surge del proyecto de extensión “Cuestión alimentaria en Tandil”, llevado adelante por el Eje Salud del Observatorio Social. Marcelo Righetti, integrante de la iniciativa, explicó que los distintos espacios participantes repiten una misma señal: aumentó la demanda de asistencia alimentaria, pero también aparecen dificultades para pagar facturas, endeudamiento y consumos problemáticos.
Los encuentros reunieron a trabajadores de centros de salud, referentes de comedores y merenderos, organizaciones sociales y docentes universitarios. La intención no fue solamente escuchar casos aislados, sino armar un mapa de lo que está ocurriendo en los barrios. El resultado es preocupante: luego de un 2024 atravesado por un salto brusco en los pedidos de ayuda, durante 2025 se registró una estabilización, aunque en niveles que el propio equipo definió como críticos. En el último año, según señalaron, la demanda volvió a acelerarse.
Uno de los puntos que apareció con fuerza fue el impacto de la discontinuidad de políticas públicas. Righetti mencionó el cese del programa Mesa, que entregaba módulos de productos secos en escuelas, y la pérdida de apoyos vinculados a programas como Potenciar Trabajo. Para comedores y merenderos, eso no implica solo menos mercadería: también significa menos personas disponibles para sostener las ollas populares y las tareas cotidianas de cuidado.
Hay otro dato que inquieta: la aparente calma de una parte de 2025 podría no haber sido una mejora real. El equipo plantea como hipótesis que muchas familias pudieron haber sostenido gastos básicos a través de deudas. No lo presentan como una certeza, pero la posibilidad abre una pregunta incómoda: cuando la comida se paga con crédito, ¿la necesidad desaparece o apenas queda escondida hasta que llega la próxima cuota?
Ahora, el Observatorio Social prepara una encuesta destinada a referentes de espacios que entregan alimentos. Buscan complementar los relatos y registros cualitativos con datos que permitan medir con mayor precisión cuánta asistencia se necesita en Tandil. El desafío no termina en contar pedidos: consiste en discutir respuestas urgentes para hoy y políticas de fondo para una ciudad donde, pese a su riqueza productiva, una dieta básica sigue quedando fuera del alcance de cada vez más hogares.





