La Cuenca Mar y Sierras, de la que Tandil forma parte, produjo en agosto 5.884 litros diarios por establecimiento: bastante más que los 3.898 litros del promedio nacional. El dato la sostiene en la cima del ranking bonaerense, junto a distritos como Azul, Balcarce y Necochea. Pero el liderazgo productivo convive con una ecuación que no termina de cerrar para buena parte del sector: se produce más leche, se exporta más y, aun así, la rentabilidad de los tambos chicos y medianos sigue en rojo.
La lechería argentina acumuló entre enero y agosto una producción de 7.515 millones de litros, un 4,5% más que en igual período del año anterior, según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca. El consumo interno también subió 4% y las exportaciones alcanzaron 2.086 millones de litros equivalentes, con ingresos por US$ 1.130 millones: cifras récord en volumen y divisas.
La paradoja aparece al mirar la tranquera hacia adentro. El Observatorio de la Cadena Láctea Argentina informó que la facturación promedio de los tambos cayó 10% interanual en agosto, medida en pesos constantes, y 4,4% en dólares. En el acumulado de los primeros ocho meses, quedó 10,7% por debajo del mismo período previo. El precio pagado al productor fue 17,8% menor en términos reales y 12,1% más bajo en dólares.
El impacto no es parejo. La rentabilidad promedio del sistema fue apenas positiva, de 0,3%, pero los establecimientos pequeños registraron una caída de 1,62% y los medianos de 0,35%. Solo los tambos grandes mostraron un resultado positivo, de 2,9%, aunque todavía lejos del 5% que se considera una línea de equilibrio.
La otra señal de alarma es menos litros que nadie ve, pero más establecimientos que desaparecen. Argentina pasó de 10.063 tambos a fines de 2023 a 8.745 en agosto: 1.318 menos, una baja de 13,1%. En la provincia de Buenos Aires, la reducción anual rondó el 4,5%. Para Tandil y la cuenca, el desafío no es solo seguir liderando la producción: es que ese volumen no termine concentrado en cada vez menos manos.
La otra señal de alarma es menos litros que nadie ve, pero más establecimientos que desaparecen





