El último viaje de Santamarina en el Torneo Federal terminó retratando un año entero. El plantel aurinegro recorrió cerca de 1.100 kilómetros hasta Rincón de Los Sauces para enfrentar a Deportivo Rincón, pero llegó apenas dos horas antes del partido, sin concentración previa y con un banco de suplentes incompleto.
La delegación había partido de Tandil el sábado por la noche y atravesó un traslado de casi 16 horas. Entre los futbolistas que viajaron estuvo Marcos Canchi, quien se encuentra lesionado y en recuperación tras una operación. La imagen final fue la de un equipo diezmado, improvisando una despedida de categoría que ya venía anunciando problemas mucho antes de la última fecha.
Según el relato publicado sobre la situación del plantel, varios jugadores habían planteado en los días previos que existían atrasos salariales de hasta casi tres meses para algunos compañeros. El primer entrenamiento de la semana se habría realizado recién el jueves y, al día siguiente, un dirigente acercó cerca de dos millones de pesos para repartir entre los futbolistas como pago parcial de la deuda.
El malestar creció al punto de que algunos integrantes del grupo analizaron no realizar el viaje al sur. En las negociaciones posteriores, siempre según esa reconstrucción, no hubo certezas sobre cuándo se cancelaría el resto de lo adeudado. Varios referentes no integraron la nómina de quince jugadores que finalmente partió hacia Neuquén.
El descenso de Santamarina no se explica por un solo viaje, pero ese recorrido sin descanso, sin una concentración lógica y con recursos limitados dejó una postal difícil de ignorar para Tandil. El aurinegro cerró la temporada con una derrota ante Deportivo Rincón y con una pregunta que excede el resultado: ¿cómo se reconstruye un club cuando el vestuario llega al límite antes de que empiece el partido?





