Mientras el diario en papel pierde terreno, Osvaldo Victorero salió a fotografiar los kioscos que todavía resisten en Tandil. El resultado es una carpeta especial de su museo hogareño, El Quincho Don Aníbal, bautizada “Homenaje del Quincho Don Aníbal a los canillitas y diarios de Tandil”.
Victorero recorrió la ciudad cámara en mano, habló con quienes atienden los puestos y reunió imágenes de más de 20 kioscos que siguen abiertos. La búsqueda empezó un domingo por la mañana, con los lugares que recordaba, pero se fue agrandando a medida que cada canillita le señalaba otro punto de venta que merecía quedar registrado.
Detrás de cada foto no hay sólo una persiana, una parada o un exhibidor de diarios. Hay relatos de décadas de trabajo: repartos que comenzaron mucho antes de los kioscos de chapa, cambios en el movimiento comercial de cada barrio y una caída fuerte en la venta de ejemplares, especialmente los diarios llegados desde Buenos Aires.
Entre los puestos que incorporó al homenaje aparecen El Reloj, en Marconi y Santamarina, y el clásico kiosco de Rodríguez y San Martín. Son escenas cotidianas para quienes circulan por el centro, pero también postales que pueden desaparecer sin que nadie las haya guardado. Algunos canillitas incluso le regalaron diarios viejos para sumar a la colección.
El gesto tiene una lógica que Victorero ya aplicó a otros símbolos locales: conservar recuerdos antes de que pasen a ser apenas una anécdota. Lo hizo con uno de los últimos boletos de papel del transporte público y con fotografías de personajes de Tandil. Ahora, el foco está puesto en un oficio que fue parte del ritmo de la ciudad cada mañana.
Después de esta carpeta, el coleccionista planea registrar otro emblema tandilense: Metalúrgica Tandil, donde trabajó. La pregunta queda abierta para la ciudad: ¿cuántas cosas que vemos todos los días recién valoramos cuando ya no están?
Son escenas cotidianas para quienes circulan por el centro, pero también postales que pueden desaparecer sin que nadie las haya guardado





