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La pausa que Tandil le debe a sus abuelos

Pimpilimpauxa invita a escribir las historias migrantes y familiares que sobreviven en objetos, recetas, silencios y recuerdos de Tandil.

La pausa que Tandil le debe a sus abuelos
· 2 min de lectura

Hay historias familiares que sobreviven en una receta, una sábana bordada o una frase repetida sin saber de dónde vino. Pimpilimpauxa, el taller impulsado en Tandil por la profesora de literatura Valeria Aramburu y la licenciada en psicología Ana Ciappa, propone detener la marcha para volver sobre esas huellas: las de quienes migraron, las de quienes callaron y también las de quienes dejaron objetos, costumbres y recuerdos como legado.

La iniciativa nació entre dos amigas de la secundaria que, luego de sus años de formación universitaria, volvieron a encontrarse en Tandil. En caminatas por las sierras empezó a tomar forma una idea común: abrir un espacio donde la escritura, la escucha y la memoria permitan reconstruir historias familiares sin obligarlas a encajar en una cronología perfecta.

El nombre del proyecto también dice mucho. Pimpilimpauxa es una de las maneras de decir “mariposa” en euskera. Para Aramburu, que reivindica raíces vascas y danesas, es una palabra sonora que remite al aleteo, pero también a la pausa. Esa pausa es el centro de la propuesta: mirar hacia atrás para entender qué parte de la propia identidad fue heredada, transformada o incluso silenciada.

En cada encuentro, los disparadores cambian. Puede aparecer un texto literario, una receta de familia, un objeto guardado durante décadas o un recuerdo que parecía menor. No se trata de verificar fechas ni de armar árboles genealógicos cerrados. Se trata de poner en común relatos tal como fueron transmitidos y descubrir que, a veces, la historia de otra persona despierta una memoria propia que estaba escondida.

Ciappa advierte que muchas trayectorias migrantes están atravesadas por pérdidas, distancias y afectos que quedaron lejos, tanto entre quienes llegaron desde otros países como entre quienes se desplazaron dentro de la Argentina. Aramburu suma otra capa: los silencios. ¿Por qué algunas familias no contaron? ¿Qué miedos, ilusiones o dolores quedaron fuera del relato? La escritura aparece allí como una forma de preguntar, resignificar y dejar algo para quienes vienen después.

El taller es arancelado, tiene cupos limitados y se realiza los miércoles de 18 a 19.30 en el Centro Vasco Argentino Gure Etxea, en Sarmiento 1079. En una ciudad hecha de llegadas, apellidos, sierras y memorias familiares, Pimpilimpauxa plantea una pregunta difícil de esquivar: ¿qué historia estamos guardando hoy para que alguien pueda encontrarla mañana?

Lo que se sabe hasta ahora
01Pimpilimpauxa propone un espacio de escritura, escucha y memoria para reconstruir historias familiares.
02El taller se realiza los miércoles de 18 a 19.30 en el Centro Vasco Argentino Gure Etxea.
03Pimpilimpauxa es una de las maneras de decir “mariposa” en euskera.

La escritura aparece allí como una forma de preguntar, resignificar y dejar algo para quienes vienen después

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