Comprar verduras básicas ya obliga a sacar cuentas antes de armar el almuerzo. En Tandil, el kilo de papa llegó a los $3.000 en octubre y, según el comercio, puede encontrarse incluso por encima de ese valor. El salto no queda aislado: el zapallo anco ronda los $7.500 por kilo, la zanahoria los $3.000, la cebolla $3.200 y el morrón rojo $9.000.
Son precios que pegan directo en una compra cotidiana. Papa, cebolla, zanahoria y zapallo no son productos de nicho ni ingredientes de una receta sofisticada: son la base de guisos, tartas, ensaladas y comidas rendidoras. Que varios de ellos suban al mismo tiempo vuelve más difícil sostener una alimentación variada sin que la verdulería se lleve una parte cada vez mayor del presupuesto semanal.
El contraste aparece al mirar los datos oficiales de septiembre. En el Gran Buenos Aires, el precio promedio de la papa bajó 3,3% mensual: pasó de $2.275,91 en agosto a $2.201,11. Pero esa baja no cambia el dato que más pesa: el valor minorista acumuló una suba cercana al 167% frente al mismo mes de 2025. En un año, la papa casi triplicó su precio.
Ese aumento quedó muy por encima de la inflación interanual general, que el INDEC ubicó en 33,4%, y también superó la variación de alimentos y bebidas no alcohólicas, de 35,1%. En septiembre, además, mientras algunos productos bajaron en el Gran Buenos Aires —como la lechuga, la banana y el yogur firme—, otros estacionales aceleraron fuerte: el tomate redondo subió 34,1%, la cebolla 24,6%, la batata 12,5% y el zapallo anco 12,4%.
Las diferencias regionales también muestran un mapa desigual. El promedio de la papa fue de $2.133,69 en la región Pampeana y de $3.095,31 en Patagonia, contra $1.888,29 en el Noroeste. Los precios que se ven en Tandil responden a la oferta de cada comercio, la estacionalidad, los costos de traslado y la disponibilidad, por lo que pueden diferir de esos promedios oficiales.
La pregunta ya no es solamente cuánto cuesta cocinar: es cuánto margen queda para elegir qué comer. Con verduras fuera de temporada empujando la cuenta, la compra diaria vuelve a poner sobre la mesa una discusión incómoda: ¿hasta cuándo lo básico puede seguir tratándose como un lujo?
En un año, la papa casi triplicó su precio





