Alrededor de 300 familias reciben hoy viandas del comedor Los Chicos de Cacha, una cifra que expone la presión creciente sobre las redes solidarias de Tandil. Cacha Cena, referente del espacio, advirtió que sostener la asistencia diaria se volvió cada vez más difícil ante el aumento de la demanda y el costo de los alimentos.
El comedor entrega comida de lunes a viernes y trabaja con una modalidad que quedó instalada desde la pandemia: las familias retiran las viandas para compartirlas en sus casas. Para Cena, esa dinámica permite que el plato llegue al hogar y alivie, aunque sea parcialmente, gastos que muchas veces ya no cierran.
“La demanda todos los días es mucha”, planteó en diálogo con Radio Voz. Y remarcó que no se trata de una situación aislada de su organización: otros comedores y merenderos de la ciudad atraviesan un escenario similar. Como muestra de los costos, señaló que una bolsa de cebollas puede rondar los 50 mil pesos. “Es insoportable cómo sostener la olla todos los días porque cada vez se nos complica más”, expresó.
Cena vinculó el crecimiento de la necesidad con las dificultades para conseguir empleo. Mencionó especialmente a trabajadores de la construcción, que alternan períodos de ocupación con meses sin ingresos, y a mujeres que realizan tareas de limpieza o cuidado por hora. También cuestionó las barreras que, según describió, enfrentan quienes buscan trabajo por su edad y falta de experiencia.
El comedor se sostiene principalmente con el aporte de vecinos, socios protectores y la asistencia del Banco de Alimentos. Pero esa red también siente el impacto: Cena indicó que al Banco le llegan menos donaciones que antes. Con más de dos décadas al frente del espacio, resumió el momento con una frase contundente: nunca había costado tanto sostener la asistencia.
Además de las viandas, Los Chicos de Cacha mantiene un roperito para recibir y entregar ropa y calzado. Quienes quieran colaborar pueden acercarse a Granadero 269. El lugar no cuenta con vehículo propio, por lo que las donaciones que no puedan ser llevadas hasta allí requieren coordinación previa para su traslado. La pregunta ya no es sólo cuánto puede sostener una olla: es cuánto tiempo puede una ciudad dejar que la solidaridad cubra lo que falta.
nunca había costado tanto sostener la asistencia





