Un portón de hierro terminó desprendido y caído sobre uno de los accesos a la Plaza de la Música y las Artes. Para los vecinos del pasaje Fournier, el episodio ocurrido el sábado no fue una sorpresa: aseguran que forma parte de una problemática que denuncian desde hace años en pleno centro de Tandil.
Según relataron los frentistas, un grupo de alrededor de 30 jóvenes que circulaba en bicicleta arrancó por completo una de las estructuras metálicas ubicadas al final del pasaje, a unos 50 metros de 9 de Julio. Las imágenes difundidas por los propios vecinos muestran el portón desprendido sobre el acceso al espacio público.
El reclamo, sin embargo, va bastante más allá de ese daño. Quienes viven y trabajan en la zona describieron una convivencia marcada por ruidos molestos, gritos, corridas, roturas de vidrios y maniobras en bicicleta que consideran riesgosas. También señalaron que los episodios se vuelven más frecuentes durante el receso invernal y las vacaciones de verano.
En el pasaje Fournier conviven comercios, consultorios, profesionales de la salud y viviendas familiares. Los vecinos sostienen que esa dinámica impacta en el descanso, el trabajo y la seguridad cotidiana del sector. Además, advirtieron que, cuando llegan agentes policiales o de tránsito, los grupos suelen retirarse rápidamente en bicicleta y que esas salidas a alta velocidad generan preocupación sobre 9 de Julio, especialmente por peatones y automovilistas.
Los frentistas indicaron que el verano pasado unas 40 personas presentaron una nota colectiva ante el Municipio, luego derivada al área de Protección Ciudadana. Según su relato, la respuesta demoró varias semanas y no derivó en una reunión formal para tratar el tema. También cuestionaron que la situación haya sido caracterizada como un conflicto vecinal y que se les sugiriera dialogar con familiares de los involucrados.
Desde el sector remarcan que recurren habitualmente a la Policía ante cada episodio, pero señalan límites en las intervenciones por las circunstancias de los hechos y por la edad de parte de los involucrados. El portón arrancado volvió a dejar una pregunta incómoda sobre la mesa: si el problema se repite desde hace años, ¿qué respuesta concreta hace falta para que el pasaje deje de vivir a la defensiva?
El reclamo, sin embargo, va bastante más allá de ese daño

