El turismo interno se achicó y Tandil lo siente en la ocupación, las estadías y la caja de un sector clave para la ciudad. Nicolás Funaro, presidente de la Asociación de Hoteles y Gastronómicos, estimó que durante el último año la cantidad de turistas cayó entre un 25% y un 30% en Tandil. Su diagnóstico es directo: viajar dentro de Argentina perdió terreno frente a las salidas al exterior.
Según planteó Funaro, el dólar estable, la inflación, el aumento de los servicios y los ingresos deteriorados cambiaron la cuenta que hacen muchas familias antes de armar una valija. “Es ridículo, pero es más barato ir al exterior que vacacionar dentro del país”, sostuvo. La situación, aclaró, no es exclusiva de Tandil: forma parte de una retracción más amplia del turismo interno en distintos destinos argentinos.
El cambio también se nota en la forma de viajar. Las vacaciones largas ceden espacio a escapadas más frecuentes, pero de menos días. Para Tandil, esa dinámica abre una oportunidad por cercanía: una pareja, una familia o un grupo de amigos pueden llegar para pasar un fin de semana —o incluso el día— atraídos por la gastronomía, las sierras, el cine, los comercios o una actividad puntual.
Ahí aparecen los eventos como una pieza central. Funaro destacó el movimiento que generan propuestas culturales, deportivas y gastronómicas, además de fechas como Expotan. La idea es sencilla, aunque no menor: hoy no alcanza con tener paisaje y buenos restaurantes; hace falta que pasen cosas que justifiquen elegir Tandil en un calendario cada vez más disputado. Por eso propuso avanzar con una agenda turística unificada, ordenada durante todo el año y capaz de fortalecer la marca de la ciudad.
El impacto excede a los hoteles. Funaro afirmó que el turismo representa alrededor del 15% del PBI local y que hotelería y gastronomía generan unos 1.400 empleos directos, sin contar la actividad indirecta que mueve cada visitante. También mencionó la reconversión de algunos hoteles hacia residencias para adultos mayores, una señal de que sostener la actividad ya no resulta igual de viable para todos los establecimientos.
Con octubre, noviembre y diciembre por delante, el sector mira la agenda de eventos y el clima como posibles impulsores, pero sin ocultar el dato de fondo: la ocupación viene bajando de manera sostenida desde hace alrededor de tres años, según Funaro. El desafío no parece ser solo llenar un fin de semana: es lograr que Tandil siga apareciendo entre las primeras opciones cuando alguien decide escaparse.
El turismo interno se achicó y Tandil lo siente en la ocupación, las estadías y la caja de un sector clave para la ciudad




