El celular ya no tendrá vía libre durante las clases en las secundarias bonaerenses. El Senado de la provincia de Buenos Aires aprobó un proyecto que regula el uso de teléfonos y otras pantallas tecnológicas en establecimientos estatales y privados. La regla planteada es clara: no se usarán durante la jornada educativa, salvo que un docente lo requiera o autorice con un objetivo pedagógico.
La medida extiende al nivel secundario una restricción que ya rige desde este año en las escuelas primarias bonaerenses. El texto busca promover un uso seguro y responsable de los dispositivos, una definición que, en los hechos, apunta a que el teléfono deje de ocupar el centro de la escena cuando la actividad escolar no lo necesita.
La iniciativa fue impulsada por el legislador Martín Rozas y recibió aprobación en el Senado. Para su implementación, el proyecto deberá ser publicado en el Boletín Oficial bonaerense. Además, el Poder Ejecutivo deberá definir cuál será la autoridad de aplicación y elaborar protocolos, instrucciones y recomendaciones para que la norma funcione en las aulas.
El debate no se limita a si el celular distrae o no. Durante el tratamiento, el senador Carlos Kikuchi mencionó también problemáticas vinculadas al uso de teléfonos entre adolescentes y la ludopatía. El dato que atraviesa la discusión es contundente: casi 6 de cada 10 chicos argentinos ya tienen un celular propio a los ocho años, mientras cursan tercer grado.
Para las familias, docentes y estudiantes de Tandil, la novedad abre una discusión cotidiana: dónde termina una herramienta útil para aprender y dónde empieza una pantalla que se come la clase. La norma permite excepciones pedagógicas, pero deja la decisión y el control en manos de cada escuela y sus docentes. La pregunta ahora es menos tecnológica que escolar: ¿alcanzará con guardar el teléfono para recuperar la atención?
La regla planteada es clara: no se usarán durante la jornada educativa, salvo que un docente lo requiera o autorice con un objetivo pedagógico





