Una jubilada y pensionada de 73 años, Mirtha Ghezzi, afirma que podría perder la vivienda de 12 de Octubre al 1600 donde asegura haber vivido durante más de cuatro décadas junto a su pareja, César Satti, fallecido en 2024. La propiedad figura a nombre de Satti y, según relató la mujer, sus herederas la intimaron a entregar las llaves y abandonar el inmueble.
Ghezzi sostuvo que actualmente vive sin los servicios de luz y gas, por lo que utiliza garrafas y una luz de emergencia. También indicó que la casa está a la venta. Su situación se encuentra atravesada por una instancia prejudicial y por el intercambio de cartas documento entre las partes, según surge de la información difundida.
La vecina afirmó que comenzó a convivir con Satti en 1983, cuando, según su relato, construyeron el hogar de manera gradual. Un certificado mencionado en la documentación acredita la convivencia de la pareja al menos desde 1989 hasta el fallecimiento de Satti. Ghezzi remarcó que no cuenta con otra vivienda y que sus ingresos provienen de una jubilación y de un porcentaje de la pensión derivada de su compañero.
En su respuesta a la intimación, la mujer invocó su condición de persona mayor, problemas de salud y la falta de una alternativa habitacional. También planteó que la situación debe resolverse por las vías judiciales correspondientes. Del otro lado, una carta documento atribuida a una sobrina del propietario fallecido requirió la restitución del inmueble en un plazo de diez días y mencionó presuntas amenazas verbales, cuestión que habría sido objeto de una denuncia policial.
El conflicto abre una discusión que excede una dirección: qué resguardo tienen las personas mayores que convivieron durante años en una vivienda que legalmente no estaba a su nombre. Mientras las partes sostienen posiciones contrapuestas, el caso deberá transitar las instancias legales. Para Ghezzi, la urgencia es concreta: seguir teniendo un lugar donde vivir.
Para Ghezzi, la urgencia es concreta: seguir teniendo un lugar donde vivir





