El ticket sube, pero el changuito no alcanza a disimularlo: las ventas de supermercados cayeron 2,1% interanual en julio y acumularon siete meses consecutivos de retrocesos, según los datos difundidos por el Indec. La última mejora interanual del sector había sido en diciembre, cuando el indicador avanzó apenas 0,5%.
La foto tiene una contradicción que se siente en cada compra. Las ventas corrientes de los supermercados totalizaron $2.591 millones, 25,8% más que un año antes, mientras que el ticket promedio llegó a $34.981, con una suba interanual de 16,5%. Pero el indicador de consumo volvió a bajar: también retrocedió 0,7% frente a junio. Que se pague más no implica que se lleve más.
Los alimentos fueron los rubros con mayores aumentos nominales: carnes encabezó con 39,5%, seguida por verdulería y frutería, bebidas y lácteos. A la hora de pagar, la tarjeta de crédito concentró el 41,9% de las ventas en supermercados, por encima del débito, el efectivo y otros medios de pago. El dato deja una escena conocida: la compra cotidiana pesa más y el financiamiento gana lugar en la caja.
Los autoservicios mayoristas tampoco mostraron una recuperación interanual: sus ventas bajaron 1,1% y encadenaron seis meses a la baja. Sí tuvieron un repunte mensual de 1,2% respecto de junio, aunque la tendencia-ciclo marcó una variación negativa. Allí, los medios de pago alternativos, como transferencias o QR, fueron los de mayor participación, con 33,6% de las ventas. El ticket promedio alcanzó los $47.535.
Los centros de compra fueron la excepción de julio, con una mejora interanual de 1,9%, aunque el acumulado anual continuó en terreno negativo. Para Tandil, donde la recorrida por la góndola, el almacén barrial y el mayorista forma parte de la cuenta semanal, la señal nacional importa: los primeros adelantos privados para agosto no son alentadores. La pregunta ya no es solo cuánto cuesta llenar el changuito, sino qué queda afuera cuando hay que achicarlo.

