Un libro escrito en lengua originaria y castellano puso a la Editorial Unicen en el centro de la primera Feria del Libro y la Cultura Indígena. La editorial de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires participó como invitada, con un espacio propio para exhibir parte de su catálogo y acercar publicaciones a nuevos lectores.
Uno de los momentos destacados fue la presentación de “La voz del viento”, de Daniel Huircapan. La obra fue coeditada junto a la Asociación Argentina de Traductores e Intérpretes (AATI) y propone una edición bilingüe: reúne lengua originaria y castellano con el objetivo de rescatar y transmitir la cosmovisión y la cosmogonía de los pueblos Tehuelches.
El stand también reunió títulos vinculados con las culturas originarias y publicaciones de la Red de Editoriales de Universidades Nacionales del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN). No fue solamente una vidriera de libros: fue una oportunidad para que producciones académicas y culturales circulen fuera de los ámbitos habituales y encuentren lectores interesados en esas temáticas.
El responsable de la Editorial Unicen, Gerardo Tassara, realizó un balance positivo de la jornada. Señaló que hubo avidez del público por los títulos, buenas ventas y consultas sobre las publicaciones y el sello editorial. Para una editorial universitaria, ese interés tiene un peso particular: confirma que hay lectores buscando materiales que muchas veces no ocupan las mesas más visibles del circuito comercial.
Durante la feria, Tassara mantuvo además un encuentro con la presidenta del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, Florencia Saintout. Según detalló, la funcionaria destacó la calidad de las ediciones, el volumen de material disponible sobre temas afines y el acompañamiento sostenido de la editorial.
La participación dejó una señal concreta para Tandil y la región: la producción universitaria local puede abrir conversaciones sobre memoria, lenguas y patrimonio cultural. “La voz del viento” no llega como una pieza de archivo, sino como un libro para leer, consultar y hacer circular. El desafío ahora es sostener esos espacios donde las culturas originarias no sean apenas una fecha del calendario, sino una lectura presente.
La participación dejó una señal concreta para Tandil y la región: la producción universitaria local puede abrir conversaciones sobre memoria, lenguas y patrimonio cultural

