Un comerciante fue a recuperar mercadería decomisada por Bromatología y detectó que parte de los productos ya no estaba. El episodio, según el relato difundido sobre el caso, ocurrió luego de que el propietario pagara la multa correspondiente y se presentara en las oficinas del área municipal para retirar lo incautado meses atrás.
La mercadería había sido decomisada en julio en un comercio local y permanecía, de acuerdo con la información conocida, en uno de los depósitos ubicados en la zona de Colón y Las Heras. Cuando llegó el momento de la devolución, el comerciante advirtió que los artículos disponibles no coincidían con lo que figuraba como retenido en las actas.
El punto que abre todas las preguntas no es menor: un decomiso implica inventario, resguardo y trazabilidad. Si existe una diferencia entre lo secuestrado y lo que finalmente se entrega, la discusión deja de ser solamente sobre una multa. Pasa a ser sobre qué controles se aplicaron durante la guarda de esos bienes y si hay registros que permitan reconstruir lo ocurrido.
Según la información aportada, la situación quedó bajo revisión y podría derivar en actuaciones internas. En el área de Bromatología trabajan cerca de 40 personas, entre empleados y profesionales, y en el lugar también funciona personal de la Sala de Elaboración y del Patronato de Liberados. Hasta el momento, no se informó públicamente una explicación sobre el destino de la mercadería faltante ni una sanción concreta.
El caso involucra a una dependencia municipal que tiene entre sus tareas controlar alimentos y proteger a consumidores. Por eso, más allá del comercio afectado, la respuesta que se dé importa para toda Tandil: ¿cómo se controla lo que se decomisa, dónde queda asentado y quién responde si el inventario no cierra?
Cuando llegó el momento de la devolución, el comerciante advirtió que los artículos disponibles no coincidían con lo que figuraba como retenido en las actas





