La escalada dejó de ser un plan de nicho para convertirse en una actividad que cada vez más tandilenses tienen en la mira. El Centro de Montaña Tandil (CMT), con más de cuatro décadas de recorrido, reúne actualmente a unos 233 socios entre niños y adultos y viene ampliando sus espacios de entrenamiento para acompañar una demanda que creció con fuerza en los últimos años.
La escena ocurre de lunes a viernes, en un muro con sectores de distintas inclinaciones, agarres y niveles de dificultad. Allí conviven quienes recién se animan a despegar los pies del piso con escaladores que preparan desafíos más complejos. La propuesta incluye grupos para principiantes, avanzados, chicos y adultos, con entrenamientos distribuidos entre la mañana y la tarde.
Según contaron referentes del Centro a El Eco de Tandil, el salto se hizo especialmente visible en los últimos dos años. Sebastián Vergara, integrante de la comisión directiva y escalador desde hace más de 30 años, ubicó el crecimiento en una tendencia más amplia: la disciplina gana practicantes en Argentina y en otros países, mientras se multiplican las opciones de formación, el equipamiento específico y las competencias.
El CMT nació a partir de una primera expedición realizada en 1983 y quedó formalmente constituido como asociación civil sin fines de lucro en 1994. Su historia está pegada a una ciudad donde las sierras no son decorado: son parte del paisaje cotidiano y también una puerta de entrada al deporte. El muro permite entrenar técnica y preparación física antes de llevar esos aprendizajes a la roca, con alternativas como La Movediza y otros espacios habilitados para la práctica.
Desde la institución remarcan que pasar del muro a la sierra exige formación, cursos y respeto por las medidas de seguridad. También buscan correr a la escalada del casillero automático de “deporte extremo”: hay recorridos, modalidades y exigencias para distintos niveles. La pregunta ya no parece ser si Tandil tiene condiciones para escalar, sino cuánta gente más va a decidir mirar la sierra desde un poco más arriba.
La escalada dejó de ser un plan de nicho para convertirse en una actividad que cada vez más tandilenses tienen en la mira





