Metió 45 puntos y, aun así, Manuel Puente terminó la noche pensando en lo que Independiente dejó escapar. El escolta fue protagonista de una actuación individual que sacudió al básquet local, pero su lectura fue más allá de una planilla brillante: el equipo había llegado a sacar 25 puntos de ventaja y permitió que el rival se acercara en el cierre. Para Puente, esa diferencia entre el festejo y la alerta también explica su presente.
El jugador de Independiente de Tandil atraviesa un momento de alto impacto, construido lejos de cualquier golpe de suerte. Su historia con la pelota naranja empezó a los cuatro años, empujada por una familia vinculada al deporte y por su padre, profesor de educación física, exjugador y entrenador. Antes de instalarse en Tandil a los 14 años, se formó en Estudiantil Porteño, en el oeste del Gran Buenos Aires. Hubo un breve intento con el fútbol entre los 10 y los 11 años, pero el básquet volvió a ocupar el centro de la escena.
En el Rojinegro encontró pertenencia y exigencia. A los 16 años, todavía en edad cadete, llegó su oportunidad en el plantel mayor junto a referentes como Lobo, Orale y Valerio. El salto no fue solo deportivo: pasó de mirar a jugadores consagrados desde afuera a compartir vestuario, entrenamientos y roce de primera división. Ahí entendió que el básquet podía ser más que una pasión de club y empezó a imaginar una carrera profesional.
Ese camino lo llevó a hacer las valijas. A los 20 años salió de Tandil para jugar en Urquiza de Santa Elena, Entre Ríos, y luego sumó pasos por General Villegas, Escobar, Colón de Chivilcoy y Ansorena de Mendoza. También regresó para ser campeón provincial del Prefederal y disputar la Liga Federal con Independiente. El recorrido le dejó una regla para elegir proyectos: no alcanza con la propuesta económica. Puente evalúa el plantel, las condiciones de trabajo, el rol que plantea el entrenador y los objetivos colectivos.
La noche de los 45 puntos fue el pico visible de ese proceso. Puente la definió como una jornada de fluidez total, apoyada en los entrenamientos y en la preparación táctica. Pero también fue autocrítico: “Estuvimos ganando por 25 puntos y después se nos vinieron. Hay que poner el foco en las cosas que se hicieron mal para poder mejorarlas”. Con Independiente, apunta a terminar entre los dos primeros de la fase regular y pelear el Final Four por el ascenso al Torneo Federal. En Tandil, su anotación ya dio que hablar; su obsesión por corregir es lo que puede hacerlo durar.
La noche de los 45 puntos fue el pico visible de ese proceso

