Hay autos que no solo circulan: también cuentan una ciudad. Esa fue la curiosidad que atrapó a Esperanza Schorr cuando llegó a Tandil el año pasado y empezó a mirar con otros ojos los vehículos clásicos que todavía aparecen en las calles, estacionados frente a un comercio o avanzando entre el tránsito cotidiano.
Abogada, chilena y recién llegada a la ciudad por amor, Schorr encontró en esas máquinas antiguas una parte singular del paisaje tandilense. De esa observación nació “Las fieras de Tandil”, un proyecto que reúne imágenes de autos clásicos para inmortalizar una postal urbana que sigue viva, aunque muchas veces pase de largo ante quienes la ven todos los días.
La idea no apunta solamente al brillo de una carrocería, a una patente vieja o a un modelo que remite a otra época. El foco está puesto en la presencia que esos vehículos mantienen en la calle: autos que no quedaron encerrados en una colección privada ni reducidos a una exhibición, sino que todavía forman parte de la rutina local.
En una ciudad donde el patrimonio suele asociarse de inmediato a las sierras, los edificios históricos o los lugares más reconocibles, el proyecto propone correr la mirada hacia algo mucho más móvil. Cada auto antiguo que conserva su lugar en Tandil también guarda una historia posible: la de quien lo cuida, quien lo heredó, quien lo restauró o quien simplemente se resiste a dejarlo fuera de circulación.
Según contó La Ciudad, Schorr recopiló esas imágenes con la intención de preservar una porción del paisaje urbano local. “Las fieras de Tandil” deja una pregunta abierta para quienes caminan o manejan por la ciudad: ¿cuántas postales propias siguen ahí, delante nuestro, esperando que alguien decida mirarlas antes de que desaparezcan?





