La Fuente de los Vascos volvió a funcionar y Tandil recuperó una de esas postales que no necesitan cartel para contar una historia. El Municipio y el Centro Vasco Argentino Gure Etxea celebraron este domingo la puesta en valor del espacio, que desde hace más de medio siglo representa el vínculo de la colectividad vasca con la ciudad.
La renovación incluyó la incorporación de una nueva fuente de características similares a la original, nueva iluminación y trabajos de embellecimiento en el entorno. El resultado no es solamente visual: vuelve a estar en funcionamiento un punto que durante décadas formó parte del recorrido cotidiano de vecinos, visitantes y familias tandilenses.
La Fuente de los Vascos tiene una historia que explica por qué su recuperación importa. A comienzos de la década de 1970, la comisión directiva del Centro Vasco decidió realizar una obra como agradecimiento a Tandil. El Municipio aportó el espacio, los socios colaboraron con materiales y el arquitecto Gaspari junto al ingeniero Ferraginni estuvieron a cargo de la construcción. La piedra fundamental se colocó el 4 de abril de 1973, por el 150° aniversario de Tandil, y la inauguración formal fue el 2 de diciembre de ese mismo año.
Durante el acto, el intendente Miguel Lunghi vinculó esta recuperación con la huella que las distintas colectividades dejaron en la ciudad. Recordó aportes como la Portada del Parque Independencia, donada por la comunidad italiana; el Castillo Morisco, de la española; y el reloj de tres caras, de la francesa. La fuente vasca completa ese mapa de símbolos que, más allá de las fotos, ayuda a entender cómo se construyó la identidad tandilense.
Graciela Confalonieri, presidenta del Centro Vasco de Tandil, remarcó que recuperar el lugar también es una forma de hablarle a quienes vienen después: hay historias que vale la pena conservar. La jornada sumó danzas del cuerpo Betirrako, la participación de Chikis, la Tamborrada y música de la Banda Municipal dirigida por Nicolás Borgues Tigri.
Con el encendido de la iluminación y el regreso del agua, la Fuente de los Vascos dejó de ser un recuerdo quieto. Ahora queda la parte menos ceremonial y más importante: que Tandil la incorpore otra vez a su vida cotidiana y la cuide como lo que es, una marca viva de su memoria colectiva.
Con el encendido de la iluminación y el regreso del agua, la Fuente de los Vascos dejó de ser un recuerdo quieto



