“Déjennos trabajar” fue el reclamo que puso en discusión el costo de los feriados previstos por la visita del Papa. Según publicó el medio La Ciudad, la empresaria Alicia Jakob cuestionó las jornadas no laborables y advirtió que pueden profundizar el impacto sobre los comercios en un escenario de caída de ventas.
El planteo no discute la relevancia de una visita papal, sino qué ocurre cuando una celebración o acontecimiento de gran escala se traduce en días sin actividad habitual. Para un negocio chico, una jornada menos de atención puede significar menos facturación, gastos que siguen corriendo y una recuperación que no siempre aparece al día siguiente.
Jakob vinculó su crítica con la situación económica del sector comercial. La nota original no detalla cifras de caída de ventas, ni precisa qué feriados o jurisdicciones alcanzará la medida, pero sí instala una tensión conocida: el descanso y la movilización social por un lado; la necesidad de sostener la actividad económica por el otro.
En Tandil, donde buena parte del movimiento comercial depende de la circulación cotidiana, los fines de semana largos y los feriados suelen tener dos lecturas. Algunos rubros pueden encontrar una oportunidad si llega turismo; otros, especialmente los que dependen del consumo local o de una operatoria regular, enfrentan costos sin la certeza de vender más.
La discusión de fondo no es menor: ¿un feriado extraordinario compensa con actividad posterior lo que se pierde en una persiana cerrada? Antes de trasladar el debate a la agenda local, falta conocer si habrá medidas concretas que alcancen a Tandil y cómo quedarían definidos los alcances laborales y comerciales.
Para un negocio chico, una jornada menos de atención puede significar menos facturación, gastos que siguen corriendo y una recuperación que no siempre aparece al día siguiente

