El futuro de Tandil no solamente se proyecta en una pantalla: también se desarma, se suelda y se imprime en un galpón de calle San Lorenzo. Esa conexión entre las ideas sobre la ciudad que viene y el trabajo concreto de todos los días apareció durante la Semana FLAMA, con una escala en el Espacio INCAA UNICEN y otra, bien distinta pero complementaria, en la cooperativa Coopraee.
En la sala de cine, la conversación giró alrededor de Tandil 2050, sus trazos posibles y una pregunta difícil de esquivar: ¿quiénes estarán para ver esa ciudad? El moderador Rodrigo Rotonda puso sobre la mesa una tensión que atravesó a los expositores. Para algunos, ese horizonte queda demasiado lejos; para otros, pensar a largo plazo es una forma de dejar una marca a través de proyectos, decisiones e ideas que sobrevivan a quienes las impulsan.
Al día siguiente, en San Lorenzo 1131, esa discusión tomó una forma menos teórica. En Coopraee, entre parlantes viejos, teclados en desuso y aparatos que parecían destinados al descarte, Victoria Miguez trabaja la gráfica y el grabado a partir de materiales recuperados. Lo que para muchos sería basura tecnológica se vuelve matriz, imagen y una manera de contar el valor del trabajo cooperativo sin necesidad de grandes discursos.
En el corazón del taller, Yoan Wako y Jorge Bustes revisan equipos de décadas pasadas con herramientas, paciencia y conocimiento acumulado. Reparar, recuperar piezas y entender cómo funciona cada aparato no es apenas una tarea técnica: es una forma de disputar la lógica de usar, tirar y reemplazar. Allí, el tiempo no corre al ritmo de una actualización ni de una compra nueva. Se transforma en oficio, compañerismo y sustento cotidiano.
La escena también deja una pregunta para la ciudad. Tandil discute cómo crecer, cómo incorporar tecnología y cómo imaginar sus próximas décadas. Pero ese futuro difícilmente se construya solo con planos, algoritmos o promesas de innovación. La universidad pública, el Municipio, las cooperativas y los espacios culturales tienen un desafío común: conectar la planificación con quienes todos los días sostienen saberes, reparan lo que parece perdido y hacen comunidad con las manos. Porque 2050 puede parecer lejano, pero el futuro ya está en marcha en cada taller que decide no descartar lo que todavía tiene algo para dar.
Reparar, recuperar piezas y entender cómo funciona cada aparato no es apenas una tarea técnica: es una forma de disputar la lógica de usar, tirar y reemplazar

