Hay una calle en Tandil que arranca entre silos y termina donde su cartel deja de existir. Darragueira, identificada por el secretario de Obras Públicas y Saneamiento, Luciano Laffose, como la más larga del plano urbano, puede leerse como un recorrido completo por las distintas caras de la ciudad.
El trayecto comienza cerca de Pujol, en torno a la numeración 3200, con una postal marcada por acopios, alambrados, galpones y terrenos abiertos. Allí conviven la maquinaria agrícola, los espacios de trabajo y las primeras viviendas. A medida que bajan los números, también cambia el paisaje: aparecen casas bajas, talleres, veredas irregulares, frentes de colores y la rutina barrial de quienes viven sobre una calle que parece no terminar.
El primer gran corte visual llega con el arroyo Langueyú. El puente y sus barandas blancas abren una vista poco habitual para quienes transitan Tandil por los circuitos más conocidos: agua, márgenes verdes, muros, galpones y construcciones que vuelven a apretar la escena apenas termina el cruce. Después aparecen almacenes, verdulerías, panaderías y servicios de cercanía. Darragueira no une solamente extremos: mezcla trabajo, vivienda y compras cotidianas en una misma línea.
Sobre el 2100, la Universidad Barrial de la Unicen y la Ludoteca Ludocreativa suman otra capa al recorrido. Cursos, talleres, actividades culturales, deporte y propuestas sociopedagógicas convierten esa dirección en un punto de encuentro para vecinos e instituciones. Más adelante, las vías del ferrocarril interrumpen la continuidad de las esquinas y el Centro de Salud de Villa Aguirre recuerda que la calle también es una dirección clave para consultas, vacunación, enfermería y atención médica comunitaria.
El Hipódromo vuelve a abrir el horizonte detrás del alambrado. De un lado quedan viviendas y talleres; del otro, la pista, los árboles y un predio ligado a la historia tandilense desde 1866. Cerca de allí, el Punto Limpio Estación Norte suma una referencia más reciente en Darragueira y Jurado. La Escuela Primaria 32 “Baldomera Güiraldes”, en la esquina de Palacios, completa una secuencia donde educación, salud, ambiente, recreación y producción comparten el mismo nombre en el nomenclador.
El final llega en Pedersen, cuando el cartel marca “100–0” y la continuidad pasa a llamarse Los Aromos. La calle sigue, pero Darragueira termina ahí. Entre los silos y ese cero quedaron el arroyo, las vías, el Hipódromo, comercios, escuelas y espacios comunitarios. La pregunta no es solo cuál es la calle más larga de Tandil: es cuántos Tandiles distintos entran dentro de una misma dirección.
Darragueira no une solamente extremos: mezcla trabajo, vivienda y compras cotidianas en una misma línea

