Los comedores y merenderos de Tandil enfrentan un crecimiento sostenido de la demanda alimentaria. Según advirtió el concejal Matías Tringler, algunas instituciones que el año pasado entregaban unas 2.000 raciones ahora alcanzan las 7.000.
La situación fue expuesta durante una reunión extraordinaria de la Comisión de Desarrollo Social y Salud del Concejo Deliberante, de la que participaron siete referentes del Registro Municipal de Comedores y Merenderos, la secretaria de Desarrollo Humano y equipos de trabajo social. Allí se analizó el impacto de la demanda y el proyecto de ordenanza que propone declarar la emergencia alimentaria en la ciudad.
Tringler, presidente de la comisión y concejal de la UCR, señaló que la asistencia ya no alcanza solamente a quienes históricamente recurrían a estos espacios. Dijo que comenzaron a acercarse familias que antes no necesitaban ayuda alimentaria y también jubilados. Para el edil, esa transformación muestra una crisis que se percibe de manera concreta en los barrios, más allá de las estadísticas generales.
El concejal atribuyó parte de la saturación del sistema a la interrupción de recursos nacionales destinados a organizaciones sociales. Sostuvo que las auditorías y suspensiones dispuestas a nivel central, orientadas a detectar irregularidades, afectaron también a comedores tandilenses que, según afirmó, fueron relevados y funcionan efectivamente. Planteó que el Municipio no tiene capacidad financiera para reemplazar por sí solo los recursos que dejaron de llegar desde Nación.
En paralelo, destacó la coordinación entre los referentes locales, que buscan reunir insumos y sostener las prestaciones sin diferencias partidarias. Sobre la emergencia alimentaria impulsada por Fuerza Patria, indicó que el proyecto continúa bajo evaluación y que debería servir como una herramienta institucional para reclamar asistencia al Estado nacional. El dato que queda sobre la mesa es contundente: cuando una red comunitaria pasa de 2.000 a 7.000 raciones, el problema ya no se puede mirar de lejos.
El dato que queda sobre la mesa es contundente: cuando una red comunitaria pasa de 2.000 a 7.000 raciones, el problema ya no se puede mirar de lejos





