Casi 400 personas se reunieron en Tandil para hablar de una herramienta que se usa todos los días y no siempre se revisa: la palabra. La especialista en educación Laura Lewin visitó la ciudad y protagonizó dos jornadas convocadas por la Dirección de Educación del Municipio, con talleres destinados a equipos de trabajo y profesionales vinculados al sistema educativo.
El primer encuentro, realizado a las 16:30, estuvo orientado al personal municipal y a representantes de instituciones con las que el área educativa articula de manera cotidiana. Cerca de 200 trabajadoras y trabajadores participaron de una instancia enfocada en el impacto político y emocional del discurso sobre niños, niñas y jóvenes.
El eje fue concreto: lo que se dice en una escuela, en una oficina o en una casa puede habilitar confianza y proyectos, pero también puede convertirse en una barrera. Lewin puso el foco en cómo el lenguaje interviene en las trayectorias educativas y en el riesgo de que ciertos mensajes profundicen la desconfianza o alejen a estudiantes de las instituciones.
Más tarde, a las 18:30, el Teatro del Fuerte recibió a más de 200 profesionales de la educación, provenientes de distintos ámbitos y jurisdicciones, además de familias que se vieron reflejadas en situaciones cotidianas abordadas durante la charla. Allí, la conversación giró alrededor de un desafío conocido para cualquier comunidad educativa: cómo construir redes cuando el sistema está atravesado por exigencias múltiples y fragmentación.
La convocatoria dejó un dato difícil de pasar por alto: dos actividades en una misma jornada reunieron a casi 400 personas interesadas en discutir cómo se acompaña a quienes enseñan, aprenden y sostienen instituciones. No se trató solamente de escuchar a una especialista, sino de abrir un espacio de formación continua para equipos que enfrentan problemas concretos todos los días.
Para Tandil, el valor de la visita también está en esa escala local: docentes, equipos municipales, instituciones y familias compartiendo una conversación que muchas veces queda puertas adentro. Si las palabras pueden acercar o expulsar, ¿cuánto cambia una comunidad cuando decide revisar cómo habla y cómo escucha?




