La cuenta que preocupa a la UNICEN es contundente: el 95% del presupuesto proyectado quedaría absorbido por salarios. Para el rector Marcelo Aba, ese margen deja a la Universidad Nacional del Centro ante una dificultad creciente para sostener investigación, servicios, mantenimiento e infraestructura en sus sedes de Tandil, Azul, Olavarría y Quequén.
El diagnóstico fue expuesto mientras gremios docentes y no docentes realizaban medidas de fuerza en todo el país. Aba cuestionó que, según indicó, el Poder Ejecutivo no haya aplicado la Ley de Financiamiento Universitario pese a la medida cautelar mencionada por las universidades. “Seguimos transitando este camino que nos viene trayendo cada vez más dificultades en la vida cotidiana de la Universidad”, afirmó.
La brecha presupuestaria es el núcleo del reclamo. De acuerdo con el rector, el Consejo Interuniversitario Nacional solicitó 11 billones de pesos, mientras que el proyecto oficial contemplaba poco más de 7 billones. El dato no es solo una discusión de planillas: si casi toda la partida se destina a sueldos, cada reparación, insumo de laboratorio, beca, servicio o actividad académica debe salir de un margen cada vez más reducido.
Para Tandil, hay además un costo material difícil de esquivar. Aba advirtió que la eliminación de la Zona Fría impactaría de lleno en el próximo invierno, cuando la Universidad deba calefaccionar cerca de 90.000 metros cuadrados. Según describió, la institución ya opera con reestructuraciones, gastos compartidos y una lógica de priorizar únicamente lo indispensable.
La crisis también llega a la matrícula. La cantidad total de estudiantes no habría caído de manera drástica por el ingreso de jóvenes locales, pero se frenó el crecimiento de quienes llegan desde otras ciudades. Alquileres y costo de vida más altos vuelven más difícil estudiar lejos de casa, una ecuación que puede modificar la dinámica universitaria de Tandil. Aba insistió en que el planteo no apunta a ampliar partidas por encima de lo histórico, sino a recomponerlas frente a la inflación. La discusión de fondo queda planteada: ¿cuánto puede ajustarse una universidad antes de que el funcionamiento cotidiano empiece a resentirse?
La cuenta que preocupa a la UNICEN es contundente: el 95% del presupuesto proyectado quedaría absorbido por salarios





