En Tandil, lo que parece basura puede volver a ser trabajo, una reparación o hasta un banco para la plaza. Coopraee, la Cooperativa para la Revalorización de Aparatos Eléctricos y Electrónicos, recupera anualmente unas 150 toneladas de residuos tecnológicos y amplía su tarea hacia plásticos complejos, muebles de madera plástica y el futuro tratamiento de paneles solares.
El proyecto nació a partir de un programa de la Unicen para recuperar aparatos eléctricos y electrónicos. Con el tiempo, sumó una dimensión laboral, ambiental y comunitaria: hoy genera 20 puestos de trabajo y recibe tanto equipos para reparar como materiales que ya no tienen lugar en los circuitos habituales de reciclaje.
En el predio de San Lorenzo 1131, los aparatos se desarman, se reparan cuando es posible y, si no pueden volver a funcionar, se rescatan componentes y repuestos para darles otro destino. También se comercializan productos restaurados, a menor precio y con garantía. No se trata solamente de separar residuos: se trata de estirar la vida útil de las cosas antes de que terminen en el basural.
Según explicó Sebastián Barbieri, uno de los referentes de la cooperativa, entender el ciclo completo de un producto es clave. La discusión no empieza cuando algo se rompe ni termina cuando se tira. Incluye cómo fue diseñado, qué materiales contiene, qué impacto ambiental y económico genera y qué alternativas existen antes del descarte. Coopraee es, además, la única entidad de la región habilitada por el Ministerio de Ambiente bonaerense para recuperar este tipo de aparatos.
La cooperativa también trabaja con plásticos no reciclables que no reciben los Puntos Limpios: partes plásticas de autos, baldes rotos, cepillos de dientes o maquinitas de afeitar sin filo. Con ese material elaboran bancos, sillas, composteras, caballetes y comederos para mascotas, productos resistentes a la intemperie. A la vez, ya proyectan restaurar paneles solares en desuso o reutilizarlos, por ejemplo, como techos.
Coopraee recibe electrónicos de descarte o para reparación y esos plásticos especiales en San Lorenzo 1131, de lunes a sábados. En una ciudad que crece y produce cada vez más residuos, el dato incómodo es simple: tirar puede ser rápido, pero no hace desaparecer nada. ¿Cuánto de lo que hoy descartamos todavía podría tener una segunda vida?
No se trata solamente de separar residuos: se trata de estirar la vida útil de las cosas antes de que terminen en el basural

